Merienda (Louisa May Alcott) - pág.5
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Podríamos hacerlo, hermana...
-¡ Lo haremos, hermana !
Y en ese mismo instante, la señorita Hetty adoptó la decisión de dedicar parte de su tiempo y habilidad a rescatar a esos benditos muchachos del perverso Peck y sus tortas de cucaracha.
Fue tan agradable como cómico ver con qué buen talante aquellas almas buenas se lanzaban a la nueva tarea; con qué bravura se animaban mutuamente cuando mostraban señales de desfallecer, y con qué celeridad se convencían de que su deber consistía en proporcionar mejores alimentos para los futuros defensores y gobernantes de su país natal.
-No se puede exigir a los pobrecitos que estudien con la cabeza despejada si no están alimentados como es debido, y a la mitad de las mujeres no se les ocurre que lo que entra en los estómagos de los niños afecta sus cerebros -declaró Hetty, al día siguiente, mientras amasaba grandes láminas de pasta, y subrayando sus comentarios con vigorosos movimientos del palo de amasar.
-Nuestra bendita madre sí que sabía alimentar una familia. Catorce robustos varones y mujeres, todos vivos y bien de salud, y tú y yo, tan vivaces a los setenta y uno y setenta y dos como la mayoría a los cuarenta. Alimentos buenos, sencillos y en cantidad, son el secreto de una salud firme -repuso su hermana, mientras introducía una sartenada de buñuelos en el horno.
-Conviene que preparemos un poco de Brighton Rock... Pasó de moda, pero a nuestros hermanos solía gustarles muchísimo, y los muchachos se parecen en todas partes. Será un manjar nuevo para los pobrecitos.
-¿Y si hacemos dejar una lata más de leche y les servimos un buen vaso? Algunos tienen aspecto de no beber nunca una gota. Peck vende cerveza, y la leche es mucho mejor... ¿Lo hacemos, hermana?
-Lo intentaremos, Jerusha. Ya que estamos en el baile, bailemos.
Y siguiendo ese principio las ancianas obraron con esplendidez, y postergaron el gran acontecimiento hasta el .lunes para que todo estuviera en perfecto orden. No dijeron nada al respecto cuando se presentaron los niños, el viernes por la mañana, y estuvieron muy ocupadas durante todo el sábado, que era feriado escolar.
-¡Hola! ¡Vaya con la señorita Hetty!... ¡Mira eso, viejo Peck, y tiembla! -exclamó Challey a sus condiscípulos, cuando al llegar el lunes por la mañana, vio en la puerta de las hermanas un letrero donde se anunciaba el agradable hecho de que durante el recreo podían adquirirse allí ciertas deliciosas comidas y bebidas, a precios razonables.
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