Merienda (Louisa May Alcott) - pág.3
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-"¡Dios me valga!, ¿qué le pasa a mi hermana?" -barbotó Jerusha, mientras iba a la ventana justo a tiempo para ver cómo el gordo caía de su poste al acudir al rescate el mucho alto, mientras el cojo cruzaba la calle en respuesta a una´ voz temblona y bondadosa que lo llamaba diciendo
-¡Ven aquí, hijo, y llévate un pastelito..., una docena, si los quieres!
-¡Lo hizo por fin ! -exclamó la señorita Jerusha que, inspirada por tan heroico ejemplo, abrió la ventana de par en par e hizo señas al vengador-. Tú también, porque defendiste a ese pobre muchachito... ¡Ven y sírvete !
Charley Howe se rió de las indignadas ancianas, pero como era un caballero, se quitó el sombrero y cruzó corriendo para agradecerles su interés en el entredicho. Sin esperar invitación, varios niños los siguieron como moscas hacia un frasco de miel, puesto que la caja de latón sugería golosinas. La señorita Hetty era un espectáculo noble, tanto como gracioso. Con las cintas de su cofia al viento, la cara rosada brillante de buena voluntad, repartió pastelitos con mano generosa y una palabra amable para cada uno.
d-Aquí tienes uno bien grande para ti, querido. No conozco tu nombre, pero tu cara sí, y me gusta ver que un muchacho mayor defienda a los más pequeños -anunció, sonriendo encantada a Charley, cuando éste llegó.
-¡Gracias, señora!:.. Este sí que es espléndido. Allá no conseguimos nada tan bueno declaró Charley, al tiempo que, agradecido, devoraba el pastelillo con tres bocados, pues había regalado su propia merienda.
-¡ Me lo imagino ! Uno de éstos vale una docena de esas desagradables tortas. Me apena ver cómo las comen, y no creo que vuestras madres sepan qué dañinas son -repuso Hetty, mientras hurgaba en busca de otro puñado, las profundidades de la caja, ya medio vacía.
-¡Ojalá le pudiera enseñar cómo hacerlas al viejo Peck!... Encantados compraríamos éstas y ni siquiera tocaríamos las tortas de cucaracha -manifestó Charley, mientras aceptaba otra y gozaba de la diversión pues la mitad de sus compañeros observaba la escena desde el otro lado.
-¡Tortas de cucaracha ! No lo dirás en serio -exclamó Hetty, que estuvo a punto de dejar caer su carga, horrorizada por la idea. Es que había oído hablar de ranas guisadas y langostas saltadas, y supuso que se había descubierto algún nuevo manjar.
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