El mantel de Tabby (Louisa May Alcott) - pág.13
Indice General
|
Volver
Página 13 de 14
John Bullard era un tamborcillo inglés, que había pasado por muchas batallas, sin dejar de redoblar en su tambor, pese a los proyectiles y a las balas de cañón, y animando muchos campamentos con su voz, pues cantaba como una alondra. Estaba siempre alegre, siempre animoso, y era el favorito de su regimiento, por lo cual todos lloraron por el "pequeño Johnny" cuando le volaron el brazo derecho en Gettysburg. Se suponía que iba a morir, pero él pasó lo peor e iba recobrando la salud con dificultad, tratando siempre de estar alegre, y empezaba a gorjear débilmente de vez en cuando, como un ave convaleciente.
-Johnny, aquí hay unas hilas espléndidas para ese pobre brazo, y algunas compresas de lo más suaves para las heridas de Carrol. Como está dormido, empezaré contigo, y mientras trabajó te entretendré con la historia del viejo mantel de dónde provino este vendaje -anunció la enfermera Hunt, al detenerse juntó a la cama desde dónde el muchacho le sonreía con su carita flaca y pálida, pese a que temía el duró cuarto de hora que debía soportar todos los días.
-Gracias, señora... Hace mucho que no oigo una buena historia. Esta mañana me siento animado, y creó que de aquí a una semana estaré en pie, ¿no?
-Así lo esperó... Y ahora cierra los ojos y escucha, así no sentirás las punzadas que te doy, aunque trató de ser suave -repuso la enfermera, al tiempo que daba comienzo a su penosa tarea.
Entonces le contó la historia del mantel de Tabby, que divirtió enormemente al herido, quien rió en voz alta al enterarse de las peripecias del alférez y se regocijó cuando los casacas rojas salieron mal parados.
-Como hemos derrotado a todo el resto del mundo, no me importa que esa vez hayamos tenido mala suerte. Ahora somos amigos, y pelearé por ustedes como un bulldog inglés, si es que llego a tener oportunidad de hacerlo - declaró Johnny, finalizado el relato y el vendaje.
-La tendrás... Me gusta convertir a un valiente enemigo en un amigo fiel, tal como, según espero, podremos hacer aún con nuestros hermanos sureños. Admiro su valor y su lealtad hacia lo que consideran correcto y todos estamos sufriendo el castigo que merecemos por haber esperado hasta que llegara esta triste guerra, en vez de concertar acuerdos hace años, como podríamos haberlo hecho si hubiéramos preferido la sinceridad y el honor, más que la fortuna y el poder.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
>>>
|