Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El mantel de Tabby (Louisa May Alcott)

El mantel de Tabby (Louisa May Alcott) - pág.12

Indice General | Volver

Página 12 de 14



Las mujeres tejían y cosían, así en domingos como en días de semana, para colmar la de­manda de ropas; los hombres vaciaban a manos llenas sus bolsillos, ansiosos por contribuir, y el párroco, después de orar como un soldado cristiano, se quitaba la chaqueta y preparaba cajas de envíos, como un padre tierno.
-Hacen falta más hilos y vendajes, y me parece que ya hemos recogido hasta el último trapo que había en el pueblo -dijo una atareada mujer a otra, mientras varias de ellas preparaban bolsas con provisiones, en el tercer año de la prolongada contienda.
-Ya vacié mi desván, y ojalá tuviera más para dar -respondió una de las patrióticas madres de la familia Barrett.
-No podemos comprar nada que sea tan suave y bueno como las viejas sábanas y man­teles... Las nuevas no sirven; si no, cortaría todas las mías -agregó una Wheeler recién casada, mientras cosía como si en ello le fuera la vida, recordando a sus muchos primos que estaban en el frente.
-Creo que tendré que entregar mi mantel revolucionario... Es bastante viejo y suave como la seda; y estoy segura de que mi bendita abuela lo consideraría el mejor fin posible para él ­intervino la canosa señora Hubbard, pues Tabby Tarbel se había casado con un miembro de esa numerosa y meritoria familia.
-¡ Oh, no querrás cortar ese mantel famoso! -exclamó la más joven.
-Sí que lo haré. Está en andrajos, y cuando yo muera, a nadie le importará de él. La gente no parece recordar lo que las mujeres hicieron en esa época, de modo que es inútil conservar reliquias de ella -repuso la anciana, quien habría comprendido su equivocación si hubiera podido anticipar lo qué ocurriría en 1876, cuando el pueblo celebró su centenario y exhibió con orgullo las tijeritas utilizadas por la señora Barrett para recortar papel para cartuchos, junto con otros antiguos trofeos de días pasados.
De modo que el antiguó mantel se convirtió en una caja llena de las mejores gasas y de los más suaves vendajes para cubrir heridas y fue enviado a una de las mujeres de Concord, que actuaba como enfermera. -¡He aquí un tesoro -exclamó ésta, al descubrirlo entre otros envíos de los suyos-. Justo lo que me hace falta para mi valiente rebelde y el pobrecito Johnny Bullard.
El "valiente rebelde" era un sureño que había combatido bien y que aunque herido de muchas maneras, nunca se quejaba, y en medió de grandes sufrimientos era siempre tan cortés, paciente y valeroso, que los demás lo llamaban "nuestro caballero" e intentaban de­mostrar cuánto respetaban a tan bravo adversario.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 >>>


Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados