El mantel de Tabby (Louisa May Alcott) - pág.5
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Cuando sirvieron la cena y llamaron a los huéspedes a comer,, Tabby había recobrado la serenidad, y el orgullo le dio valor para estar dispuesta a las consecuencias, cualesquiera fueran.
Por espacio de un tiempo el apetito de los caballeros les impidió decir gran cosa, pero en cuanto salió la señora Bliss y llegó el licor, se dispusieron a cerrar trato. ´ La ventana estaba cerrada, por lo cual Tabby se felicitó de estar dentro; los conspiradores se acercaron tanto y hablaron en voz tan baja, que apenas podía captar una frase ocasional, lo cual la hizo tirarse del cabello con irritación, y además blasfemaban muchísimo, para gran horror de la niña. Pero lo que oyó le bastó para comprobar que estaba en lo cierto, pues aquellos hombres eran el capitán Brown y el alférez De Bernicre, del ejército británico, enviados para averiguar dónde se guardaban los pertrechos y con qué defensas contaba el pueblo. Oyó decir al señor Bliss
que algunos de los "rebeldes", como llamaban a sus vecinos, le habían enviado el mensaje de que no saldría vivo de la aldea, y que sentía gran temor por su vida y propiedad. Oyó responder a los ingleses, que si los acompañaba lo protegerían, puesto que estaban armados, y sin duda tres de ellos juntos podrían escapar a salvo, ya que nadie estaba enterado de su llegada, salvo aquella niña esmirriada que les había enseñado el camino. Al oírlos, la "niña esmirriada" asintió con la cabeza, esperando que al que hablaba le ardiera aún la oreja por el bofetón recibido.
El señor Bliss accedió satisfecho a este plan, y anunció que les mostraría el camino a Lexington, que les permitiría llegar a Boston con mayor rapidez que por Weston y Sudbury, por donde habían venido.
-Los pobladores no combatirán, ¿verdad? -inquirió el alférez De Bernicre.
-Allí tienen uno que los combatirá hasta la muerte -respondió el dueño de casa, mientras señalaba a su hermano Tom. que trabajaba en un campo distante.
El militar volvió a lanzar un juramento y al dar un taconazo en el suelo, pisó la mano de la pobre Tabby, que se adelantaba para captar hasta la última palabra. Tan cruel golpe estuvo a punto de arrancarle un grito, pero se mordió los labios y no se movió siquiera, aunque estaba a punto de desvanecerse de dolor.
Cuando pudo volver a escuchar, Bliss estaba revelando todo lo que sabía acerca de los escondites de pólvora, cereal y armas que el enemigó deseaba capturar y destruir.
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