El mantel de Tabby (Louisa May Alcott) - pág.3
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-Debemos averiguar algo más acerca de ellos -declaró el diácono-. Esposa mía, dale un vestido diferente y envíala con huevos a casa de la señora Bliss. A nosotros nos sobran, y Tabby podrá observar bien mientras descansa y conversa. Hay que vigilar mucho a Bliss, porque es un bribón y nos perjudicará.
Y así partió Tabby, con capa y capucha blanca, sumamente complacida con su misión, y al llegar a casa del realista cerca de mediodía, aspiró desde lejos el apetitoso aroma de carne asada y pasteles.
Se acercó silenciosa a la puerta del fondo, atisbó por una ventanilla y alcanzó a ver a la señora Bliss y la criada, quienes, ocupadas en la cocina, no advirtieron la presencia de la pequeña espía. Esta se dirigió sin ser vista al frente de la casa, a fin de echar una ojeada general antes de entrar. Todo lo que vio confirmó sus sospechas, puesto que en la sala de guardar habían servido una mesa a todo lujo, con los jarros de plata, la mejor porcelana y el magnífico mantel de damasco que la dueña de casa reservaba para los días de fiesta. Otra ojeada por entre las lilas que crecían delante de las ventanas de la sala, le permitió ver a los desconocidos y al señor Bliss que, allí encerrados, discutían con seriedad, aunque en tono demasiado bajo para que una sola palabra alcanzara sus aguzados oídos.
"Tengo que enterarme de sus propósitos.
Estoy segura de que buscan hacernos daño, y no pienso regresar sin haberlo averiguado", pensó Tabby antes de entrar resuelta en la cocina, para ofrecer sus huevos con un cortés mensaje de la señora Hosmer.
-Son muy bien recibidos, hija. Ya utilicé una cantidad para mis flanes y me harán falta más para el licor... Tenemos visitantes inesperados a cenar, por eso estoy tan aturrullada declaró la señora Bliss, quien aparentaba estar preocupada por algo más que la cena, y que en su confusión olvidó sorprenderse ante el insólito regalo, puesto que los vecinos los evitaban, y la pobre mujer pasaba muchas ansiedades a causa de su marido y la división de la familia : un hermano era realista, el otro rebelde.
-¿Puedo ayudarla, señora? Según dice tía Hitty, soy experta en esto de batir huevos. Estoy cansada y no me vendría mal sentarme un poco, si no estorbo -sugirió Tabby, resuelta a descubrir algo antes de partir.
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