La clase de cocina (Louisa May Alcott) - pág.7
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Yo elegiré el pastel de picadillo y traeré
uno sabroso así me lleve toda la semana prepararlo -anunció Edith, quien eligió con
heroísmo lo más difícil que se le podía ocurrir, para alentar a las demás.
Enardecidas por tan noble ejemplo, cada una de las jóvenes adoptó un compromiso
de honor. Las ambiciosas cocineritas completaron una lista de platos sabrosos. Luego
se, aprobó un voto de agradecimiento a Patty, cuyo bizcocho fue elegido por
unanimidad como la contribución más exitosa. Al fin ofrecieron el jarrón a la
encantada muchacha, cuyo rubor fue tan profundo como el color de las flores, tras las
cuales intentaba ocultarlo.
Poco después de esta ceremonia el grupo se dispersó, y Edith volvió a casa para
contar la historia de lo sucedido, agregando orgullosa que la prima del campo había
obtenido el premio.
-¡Niña, qué temeraria eres al elegir el pastel de picadillo!... Es una de las cosas más
difíciles de preparar, y de las más pesadas para comer. Lee la receta y verás a qué te
has comprometido, querida mía -dijo la madre, muy divertida por las andanzas de la
clase de cocina.
Edith abrió su libro y empezó con valor por la "pasta de harina", pero cuando llegó
al final de las tres páginas dedicadas a instrucciones para preparar tan indigesto
manjar, estaba muy seria, y cuando leyó en voz alta la siguiente receta para el
picadillo, la desesperación la envolvió con lentitud, como una nube.
Una taza de carne picada; una taza y media de pasas de uva; una taza y media de
grosellas; una taza y media de azúcar morena; una taza y un tercio de melaza; tres
tazas de manzanas picadas; una taza de jugo de carne; dos cucharadas de sal; dos
cucharadas de canela; media cucharada de macia; media cucharada de clavos de olor
en polvo; un limón rallado, media taza de coñac; un cuarto de taza de vino; tres
cucharadas de agua de rosas.
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