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Un hueco en la pared (Louisa May Alcott) - pág.8

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Esta era su única habilidad, de la cual estaba orgulloso.
No tardó en oír una risa del loro, seguida de una voz que dijo:
-No, Polly; tú no sabes cantar como ese pájaro. ¿Dónde estará? Me parece que entre aquellos arbustos... Ven, Pippo, vamos a buscarlo.
-¡Ahora viene! -y Johnny enrojeció tratando de emitir sus notas más dulces.
Los pasos se acercaron cada vez más, las lilas susurraron como si las hubieran agitado, y poco después desapareció el rollo de la parea. Una pausa y luego la vocecita exclamó en tono de gran sorpresa:
-Pero, ¡si aquí hay un agujero! Es la primera vez que lo veo. ¡Oh, se ve la calle! ¡Qué lindo, qué lindo!
"¡Le gusta el agujero! ¿Le gustaré yo?" se preguntó Johnny, que alentado por esos éxitos sucesivos, volvió a mirar.
Esta vez tuvo la sorpresa más deliciosa, pues se encontró con un gran ojo azul, con atisbos de una cabellera dorada arriba, una naricita redonda en el medio, y labios rojos debajo. Fue como un rayo de sol, y Johnny pestañeó como deslumbrado, pues cl ojo brilló, la nariz olfateó delicadamente, y la linda boca dio paso a una risa, mientras la voz exclamaba con deleite
-¡Veo alguien! ¿Quién eres? ¡Ven a contármelo!
-Soy Johnny Morris -repuso el muchacho, tembloroso de placer.
-¿Tú hiciste este lindo agujero?
-Hurgué un ladrillo y se cayó...
-A papá no le importará. ¿El pájaro es tuyo?
-No; fui yo quien silbó.
-Muy lindo... Hazlo de nuevo -ordenó la voz, como habituada a dar órdenes.
Johnny obedeció y cuando se detuvo sin aliento, una mano pequeña pasó por la abertura trayendo consigo todos los lirios del valle que podía asir, y la Princesa expresó su placer con magnanimidad al decir:
-Me gusta; algún día lo harás de nuevo. Aquí tienes unas flores para ti... Ahora, ha­blemos. ¿Eres un muchacho simpático?
Esta era una pregunta difícil, a la cual Johnny, con la nariz hundida voluptuosamente entre las hermosas flores, respondió con humildad:
-No, mucho... Soy cojo y no puedo jugar como los demás.
¡Poverino! -suspiró la vocecita, llena de compasión. Un instante después, tres tulipanes rojos y amarillos caían a los pies de Johnny, haciéndole sentir como si realmente hubiera caído en el país de las hadas por aquel precioso agujero.


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