Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.47
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-Me agradaría verlo dar el salto mortal mejor que yo lo he dadoObservó Tommy.
-Pues espérate y mira -habló Dan, y, sin más, dio tres saltos mortales seguidos, cayendo de pie.
-Salta mucho mejor que tú -dijo Nat a Tommy, muy satisfecho de la agilidad de su amigo.
En aquel momento Dan daba tres saltos mortales de espaldas, y paseaba sobre las manos con los pies en alto y la cabeza hacia abajo. Los espectadores aclamaron frenéticamente. Dan permanecía inmóvil mirando a todos con aire de tranquila superioridad.
-¿Crees que podría yo aprender todo lo que tú sabes, sin hacerme mucho daño? -preguntó Tommy.
-¿Qué me das, si te enseño?...
-Mi cortaplumas nuevo; tiene cinco cuchillas y sólo una está rota. -Venga.
Tommy entregó la alhaja, mirándola con cierta pena. Dan se la metió en el bolsillo y volvió la espalda diciendo:
-Me la guardo hasta que tú aprendas.
Aulló Tommy iracundo; gruñeron todos indignados y Dan, viéndose en minoría, propuso jugarse el cortaplumas al pincha-navaja. Accedió el legítimo dueño, formóse corro y en todos los rostros se reflejó la ansiedad que se convirtió en satisfacción cuando Tommy ganó en el juego y sepultó el cortaplumas en las insondables profundidades de sus bolsillos.
-Acompáñame y te enseñaré lo que hay que ver en la casa -dijo Nat, comprendiendo que debía celebrar una conferencia seria y reservada con su amigo.
Lo que los chicos hablaron nadie lo supo; pero, cuando volvieron, Dan se mostró más respetuoso, aunque siguió siendo áspero en sus palabras y grosero en sus modales. Sin embargo, ¿podía esperarse algo mejor de una pobre criatura abandonada, sin afectos y sin educación?...
Los muchachos convinieron en que el nuevo camarada no era simpático, y lo dejaron solo con Nat. Este, aun sintiendo la responsabilidad que había contraído, era demasiado bueno para abandonar a su antiguo amigo.
Tommy, a pesar del incidente del cortaplumas, acechaba la ocasión para volver a tratar de aprender los saltos mortales. La ocasión se presentó pronto, porque Dan, al verse admirado, se mostró más afectuoso y antes de acabar la semana había intimado con el aprendiz de acróbata.
Papá Bhaer, después de ver a Dan y de informarse de cómo entró en la casa, movió la cabeza y se limitó a decir:
-El ensayo puede salirnos caro; pero lo intentaremos.
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