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Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.40

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Daisy rió contentísima; extendió la manteca, amasó a conciencia, y cuando 1 a pasta estuvo a punto, la colocó formando delgadas capas, en varios platos. En seguida cortó la manzana en trocitos delgados y la espolvoreó con azúcar y canela.
-Siempre tuve empeño en hacer pasteles redondos, pero Asia no me dejaba -murmuró la niña.
A todas las cocineras, aun a las mejores, les suele salir mal algún plato. Esto le sucedió a la seudo-Sally, que, cuando más entusiasmada estaba preparando el pastel vio escurrírsele la bandeja y rodar la masa por el suelo. Gritó la pequeñuela, soltó la carcajada mamá Bhaer, escandalizó Teddy y durante un momento hubo gran alboroto en la cocina.
-Menos mal -observó la niña, recogiendo la masa-que nada se ha perdido; siento que se haya empolvado algo.
-Veo con gusto que mi cocinera particular tiene buen genio. Y ahora, abre el tarrito de la conserva de ciruelas, rellena el hueco del pastel y cúbrelo, como hace Asia, con un trocito de pasta.
-Y encima le trazaré una R y lo adornaré con zig-zag; verás qué bonito quedará-exclamó la chicuela recargando y extremando los adornos hasta lo inverosímil, y llevando en seguida el pastel al horno.
-Lava y pon en su sitio todos los utensilios que has manejado; como las buenas cocineras. Después, limpia las verduras y las papas...
-No hay más que una papa.
-Córtala en cuatro, para que quepa en la olla y ten los pedazos en agua fría hasta el momento de cocerlos.
-¿Echo también las verduras en remojo?...
-No; lávalas y córtalas y ponlas a secar junto a la plancha del horno.
En aquel instante, oyóse que alguien empujaba y arañaba la puerta; la cocinerita corrió a abrir y se encontró con Kit, que llegaba con una cestita cerrada sujeta entre los dientes.
-¡Este es el criado del carnicero! -gritó alegremente Daisy, descargando al perro; el animalito gruñó esperando que le diesen de comer, porque a veces solía llevar de aquel modo su pitanza; luego, al verse chasqueado, se marchó gruñendo y ladrando para demostrar su disgusto.
La cestita contenía: dos filetes de carne, una pera cocida, un pastelito y una esquela, en la cual decía: "Almuerzo para la nueva cocinerita, por si se le estropean sus guisos".
-No necesito nada de esto; mis guisos saldrán admirablemente y almorzaré como nunca he almorzado.


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