Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.36
Indice General
|
Volver
Página 36 de 174
Algo misterioso ocurrió aquella tarde en la casa, porque Franz estuvo martillando, Asia no dejó de ir y venir, y tía Jo anduvo de acá para allá, ´. ocultando bultos raros bajo el delantal; Teddy era el único niño a quien se consintió presenciar las manipulaciones, y Teddy, que aún no sabía hablar, cía y se afanaba por explicar lo que había visto.
Daisy estaba desconcertada y su excitación y su curiosidad se contagiaron a los niños, que abrumaron a mamá Bhaer con ofrecimientos de ayuda. Pero la mamá rehusó admitir colaboradores y contestó a todos:
-Las niñas no pueden jugar con los niños; dejen en paz a Daisy y a mí. El nuevo juguete no es para ustedes.
Los muchachos, tras breve meditación, invitaron amablemente a Daisy para que jugase con ellos a los bolos, a los soldados, al fútbol. La pequeña se maravilló de que le prodigaran tantas atenciones.
Muy distraída pasó la tarde; se acostó temprano y a la mañana siguiente aprendió y dio las lecciones tan bien, que papá Bhaer lamentó que no hubiera modo de disponer de un juguete nuevo para cada día. Todos los alumnos se estremecieron cuando vieron que se permitía a Daisy salir de clase a las diez, porque ya todos sabían que iba a tomar posesión del fantástico y desconocido juguete. Los chicos la siguieron con la mirada, y casi todos estaban tan distraídos como Medio-Brooke, que, cuando Franz le preguntó dónde se hallaba el desierto de Sahara, contestó tristemente:
-En el cuarto inmediato al de tía Jo.
Huelga decir que la clase entera soltó la carcajada.
Entrando en la habitación de su tía, Daisy gritó:
-¡Ya he dado las lecciones! ¡Ya no puedo esperar más!
-Ven; todo está dispuesto -contestó mamá Bhaer, tomando en brazos a Teddy, recogiendo la cesta de la costura y pasando a la estancia vecina.
-No veo nada-dijo Daisy, mirando afanosamente.
-¿Oyes algo?... -preguntó la tía Jo, conteniendo a Teddy, que salió corriendo hacia uno de los lados del cuarto.
Daisy oyó un rumor extraño, y luego un chirrido, y después un borboteo, como si estuviera hirviendo una olla. Los ruidos salían de detrás de una cortina corrida ante el espacioso hueco de la ventana. Daisy la descorrió, lanzó un "¡oh!" jubilosísimo y se quedó arrobada, contemplando con deleite... ¿Qué creerán ustedes que se quedó contemplando?.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-174
|