Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.35
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-Que seas buena, Daisy, y que saques provecho manejando el encantador juguete que acaban de comprarte. Ya puedes agradecer a tu tía que te ayude a manejarlo, pues sé que ese manejo no es muy de su gusto.
Las dos señoras soltaron la carcajada, y se divirtieron viendo la curiosidad de la niña.
Cuando volvían a Plumfield crujió algo en la trasera del carruaje.
-¿Qué es eso?... -preguntó Daisy, aguzando el oído.
-El juguete nuevo.
-¿Es grande?
-En parte sí, y en parte no.
-¿He visto alguno igual o parecido?...
-Muchos, pero ninguno tan bonito como éste.
-¿Qué será?... ¡No lo adivino! ¿Cuándo lo veré? -Mañana por la mañana, después que des las lecciones.
-¿Sirve el juguete para los niños?...
-No, sirve sólo para ti. A los niños les gustará verlo y lo querrán; tú podrás dejarles o no dejarles que jueguen con él.
-Le daré permiso a mi hermano.
-Les gustará a todos y especialmente a George, a "Zampa-bollos como lo llaman.
-¿Me dejas que lo toque?...
-No; podrías adivinarlo y no habría sorpresa para mañana.
Daisy suspiró y después sonrió satisfecha viendo algo brillante por un agujero del papel.
-Mira, tía Jo, estoy intrigadísima. ¿Me dejas verlo hoy?
-No, hijita; hay que arreglarlo todo y poner cada cosa en su sitio. Le dije a tío Teddy que no verías el juguete hasta que se hallase bien acondicionado.
-Si tío Teddy ha intervenido, estoy segura de que el regalo ha sido espléndido -dijo Daisy palmoteando y recordando los muchos y magníficos regalos que hacía el rico pariente.
-Tío Teddy me acompañó a comprar el juguete, y estuvo conmigo en la tienda ayudándome a elegir las distintas piezas; quiso que fuesen bonitas y grandes, y ha resultado que mi modesto plan se ha ensanchado y perfeccionado. Ya puedes dar gracias y muchos besos a ese excelente tío, que te ha regalado la más hermosa de las co... i Válgame Dios! Por poco descubro el secreto.
Calló mamá Bhaer y se dedicó a repasar las notas de las compras, para evitar la infidencia. Daisy cruzó las manos y se quedó meditabunda, esforzándose por adivinar el juguete cuyo nombre empezaba con co.
Al entraren la casa, la chicuela no quitó la vista de los paquetes que iban sacando, y observó que Franz cargaba un bulto grande y pesado, y lo llevaba a la habitación inmediata a la de la tía Jo.
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