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Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.33

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Al cabo de un rato, los niños que andaban jugando en el patio, oyeron sonar el violín y dijeron:
-Ya se le va pasando.
En efecto, se le iba pasando, pero no se atrevía a bajar; al fin, abrió la puerta y se deslizó para irse al campo. En la escalera halló a Daisy, que no cosía ni jugaba con las muñecas; la pequeña estaba sentada en un escalón, con un pañuelo en la mano, como si hubiera llorado por su amigo.
-Voy de paseo, ¿me acompañas? -exclamó Nat, procurando disimular, pero agradeciendo en el alma la discreta simpatía de la niña, y más porque imaginaba que todos en la casa lo iban a mirar como a un malvado.
-Sí, sí-contestó Daisy, corriendo a buscar el sombrero, orgullosa de ser elegida como compañera por uno de los niños mayores.
Los demás les vieron salir, pero no los siguieron; los chiquitines tenían más delicadeza de la que podía suponérseles, y los mayores comprendían que para un afligido el mejor consuelo y la mejor compañera era Daisy.
El paseo sentó bien a Nat; volvió a casa tranquilo y hasta alegre, lleno de guirnaldas de margaritas que su compañera tejió mientras él, tumbado sobre el césped, le refería cuentos.
Nadie habló palabra sobre la escena ocurrida por la mañana, pero su efecto, acaso por esta misma razón, fue más duradero. Nat hizo cuanto estuvo a su alcance para no faltar a la verdad, y en tal empeño le auxiliaron las fervorosas plegarias que a diario dirigía al divino Niño, y los cuidados de papá Bhaer.
Jamás la cariñosa mano del maestro tocaba al discípulo sin que éste recordase el dolor que aquella mano había sufrido voluntariamente para corregirle un defecto.
CAPÍTULO 5

-¿Qué te pasa, Daisy?...
-Que los niños no quieren que juegue con ellos.
-¿Porqué?
-Porque dicen que las niñas no pueden jugar al fútbol.
-Sí, pueden, porque yo he jugado -observó mamá Bhaer.
-Ya sé que puedo jugar, porque otras veces he jugado con mi hermano,
pero ahora no quiere que juegue porque los demás niños se ríen de él -dijo
Daisy, enojada.
-Tu hermano tiene razón. Con él solo no hay inconveniente en que juegues, pero es violento cuando intervienen diez o doce chicos. Yo te inventaré algo que te distraiga.


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