Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.30
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Ya sé que esto es malo, pero se me olvida.
-Siendo yo pequeño, tuve la fea costumbre de mentir. ¡Habíaque verlos embustes tan gordos que inventaba!... Mi abuela me curó... ¿Cómo dirás que me curó?... Mis padres me regañaban y me castigaban inútilmente, pero en seguida me olvidaba de sus advertencias como tú te olvidas de las mías. Entonces me dijo mi querida abuelita: -"Voy a ayudarte a que lo recuerdes y a que trates de corregir ese hábito incorregible". Y, así diciendo, me hizo sacar la lengua y me obligó a quedarme en esa incómoda posición durante más de diez minutos. Esto, como ya supondrás, fue terrible, pero beneficiosísimo, porque tuve dolorida la lengua durante muchas horas y forzosamente hablaba con lentitud tal que me permitía pensar las palabras antes de pronunciarlas. Después seguí cuidadoso en el hablar, por miedo a tener que andar con la lengua afuera. La abuelita se mostró siempre cariñosísima conmigo, y cuando murió, me pidió que amase siempre a Dios y dijese siempre la verdad.
-Yo no tengo abuelita, pero si cree que con ello me corregiré, se equivoca; prefiero andar con la lengua afuera -dijo heroicamente Nat, que, aun cuando temía el dolor, deseaba dejar de ser embustero.
-Tengo un procedimiento mejor que ése, ya lo ensayé una vez con buen resultado. Verás, cuando mientas, en vez de castigarte yo, me castigarás tú a mí.
-¿Cómo?-exclamó Nat admiradísimo.
-Tú me darás palmetazos, procedimiento que nunca uso; pero te servirá para recordar mejor, ocasionándome un dolor que tú mismo sentirás.
-¿Darle yo palmetazos?... ¡No es posible!
-Pues entonces hazte cuenta que te han obligado a estar con la lengua afuera. No deseo que me hagan daño, pero sufriré gustoso el dolor con tal de quitarte ese defecto.
Esta advertencia impresionó a Nat, y durante mucho tiempo habló poco y pensó bien las palabras. Papá Bhaer había juzgado cuerdamente que el amor al maestro influiría más en el ánimo del chico que el miedo al castigo.
Mas, ¡ay! , un día olvidóse Nat de su promesa, y cuando Emil le amenazó con darle de cachetes si él había sido el que corriendo por el jardín estropeó el sembrado de cereales, Nat negó ser el autor del daño, y después sintió vergüenza de confesar que él había pisoteado el campo de Emil.
Pensó Nat que nadie descubriría la mentira, pero cuando, dos o tres días después, Emil habló del asunto, Tommy dijo que lo había visto.
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