Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.27
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Cuesta tan poco hacer feliz aun niño, que es lamentable que en el mundo, lleno de alegría y de objetos agradables, haya pequeños con las caritas tristes, las manos vacías y los corazones apesadumbrados. El matrimonio Bhaer, que sólo era rico en caridad, recogía así cuantas migajas podía encontrar para alimento de aquella turba de famélicos gorrioncitos. Muchas amigas de tía Jo le enviaban desde la ciudad juguetes, de los cuales sus hijos se habían cansado muy pronto; y en la compostura y arreglos de esos juguetes encontraba Nat alegre ocupación. Era muy hábil y ocupaba muchas tardes lluviosas manipulando con el frasco de goma, caja de pintura y cuchillo, en el retoque de animalitos, vehículos y mil otros objetos; mientras, Daisy actuaba de modista de las estropeadas muñecas. Cuando los juguetes quedaban restaurados, se guardaban en un cajón destinado a proveer el árbol de Navidad para los niños pobres de la vecindad, que era la forma en que los escolares de Plumfield celebraban el nacimiento del Niño que amaba a los pobres y bendecía a los pequeños.
Medio-Brooke no se cansaba de leer ni de explicar sus lecturas favoritas, y los amigos pasaban muchas horas gratas en el nido del sauce, entretenidos con Robinson Crusoe, con Las mil y una noche y con muchas historias que han sido, son y serán encanto y deleite de la niñez. Estas sesiones abrieron horizontes nuevos ante Nat, y su entusiasmo por leer aquellos libros maravillosos le hizo aprender a leer correctamente como cualquiera de sus camaradas; y tan satisfecho y orgulloso se sintió con su ciencia de lector que se temió fuera a convertirse en una laucha de biblioteca como Medio-Brooke. Otro acontecimiento agradable hubo que registrar. Varios de los niños estaban "ocupados" (según decían ellos) porque, siendo pobres y teniendo que ganarse la vida en el futuro, los señores Bhaer los iban acostumbrando a la conquista de la independencia por el trabajo. Tommy vendía los huevos de su gallina; Jack especulaba con los gusanitos; Franz auxiliaba en la escuela, mediante retribución; Nat era aficionado a la carpintería y le dieron un torno con el cual fabricaba objetos útiles o curiosos, que ponía a la venta; MedioBrooke construía, para los niños, molinitos de agua y viento, y multitud de máquinas desconocidas y complicadas.
-Si le gusta, dejémoslo ser mecánico -observaba papá Bhaer-. Dadle a un niño un comercio cualquiera y habréis asegurado su independencia.
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