Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.22
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-En nosotros no puedes sembrar trigo, ni habas, ni arvejas, a menos que quieras que comamos mucho y engordemos -indicó Zampa-bollos, regocijado con la idea expresada.
-No se trata de eso. Se trata de sembrar cosas que nos hagan buenos, y de arrancarnos las malas hierbas, que son los defectos -afirmó Medio-Brooke, que era el que lideraba estas conversaciones, a las cuales era aficionadísimo.
-Justamente. Cada uno de ustedes debe pensar en lo que más necesita, y decírmelo, yo lo ayudaré a que lo logre; mas para ello tienen que estar dispuestos a hacer cuanto puedan, porque de otro modo se volverán, como el melonar de Tommy, todo hojas y ningún fruto. Comenzaré las preguntas por los mayores, y empiezo preguntándole a mamá Bhaer qué sembrará en su tierra; porque todos somos cuadros del jardín y todos, si amamos a Nuestro Señor, podemos obtener para El ricas cosechas.
-Consagraré mi campo a sembrar y a recolectar paciencia, que es lo que más falta me hace -contestó la tía Jo.
Los niños se dieron a pensar sus respectivas respuestas y algunos sintieron remordimientos por haber contribuido a agotar las provisiones de paciencia de la bondadosa señora.
Franz necesitaba perseverancia; Tommy, firmeza; Ned, dulzura de carácter; Daisy, diligencia; Medio-Brooke, "tanta sabiduría como el abuelo"; Nat confesó, humildemente, necesitar muchas cosas y dejó que el señor Bhaer eligiera por él. Los demás escogieron muchos lo mismo: paciencia, constancia, generosidad y buen humor. Un niño deseaba que le gustase mucho madrugar, pero no sabía dar nombre a aquella especie de planta; Zampabollos exclamó suspirando:
-Ojalá me gustase estudiar tanto como comer.
-Sembraremos abnegación y la cavaremos, regaremos y haremos que crezca tanto que en las próximas Navidades nadie enferme por comer mucho. Si ejercitas tu imaginación, querido George, verás que el entendimiento llega a sentir tanta hambre como el estómago y te agradarán los libros tanto como oír mis cuentos -advirtió el profesor, y, luego, acariciando a Medio-Brooke, le dijo-: Tú también, hijo mío, eres glotón y te gusta atiborrar el cerebro con cuentos de hadas y fantasías, del mismo modo que George se atiborra el estómago con pasteles y golosinas. Ambos hartazgos son malos y quiero evitarlo. La aritmética no es tan agradable como Las mil y una noche, yo lo sé, pero es mucho más útil, y ahora es la ocasión de que aprendas, para que luego no te avergüences de tu ignorancia.
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