Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.20
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Charlaron también sobre distintos temas que despertaron esperanzas en el ánimo del chicuelo. Mientras comía, el chico pensaba en aquellas esperanzas, y de vez en cuando fijaba los ojos en el señor Bhaer, como diciéndole:
-Me agrada lo ofrecido; no deje usted de cumplirlo.
Se ignora si el maestro entendió o no el mudo lenguaje del niño, mas cuando todos se reunieron en el cuarto de mamá Bhaer para la nocturna tertulia dominical, eligió como tema de conversación algo que parecía sugerido por el paseo en el jardín.
Nat, mientras más miraba, más se convencía de que aquella era una familia numerosa y no una escuela; los niños formando amplio semicírculo, sentados en sillas o sobre la alfombra, cerca del fuego; Daisy y Medio-Brooke
ocupando las rodillas de su tío y maestro; Rob, muy abrigado, en el respaldo de la butaca de su madre, resuelto adormirse si la conversación no le agradaba. Todos se hallaban satisfechos y escuchaban con atención, gozando del descanso tras el largo paseo, y preparándose a contestar, pues sabían que a cada uno se le iba a pedir su opinión.
Y así habló el señor Bhaer:
-Pues, señor, cuento y cuento, y el bien para nosotros se quede, y el mal para quien lo vaya a buscar; como que una vez había un jardinero que era dueño del jardín más grande que se ha conocido en el mundo. El jardín era hermosísimo y su propietario lo cultivaba con inteligencia, habilidad y esmero, cosechando frutos gustosos y exquisitos. Pero las malas hierbas, que en todas partes crecen, crecían a veces en el hermoso jardín, y no llegaban a fructificar las buenas semillas. El jardinero tenía a sus órdenes a varios subjardineros, algunos de los cuales cumplían con su deber y ganaban honradamente el jornal; pero otros descuidaban las parcelas que se les confiaran y las dejaban trocarse en campos estériles. Esto disgustaba mucho al jardinero pero como era pacientísimo, callaba y seguía trabajando y esperando años y años el momento de la gran cosecha.
-Sería un jardinero muy simpático -interrumpió Medio-Brooke que oía con viva atención.
-¿No comprendes, hermano, que es un cuento de hadas? -observó Daisy.
-No, debe ser una arrigoría -murmuró Medio-Brooke.
-¿Qué esarrigoría? -exclamó el preguntón Tommy.
-Explícalo, si lo sabes, Medio-Brooke -habló el señor Bhaer-, y no uses palabras sin saber bien su significado.
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