Hombrecitos (Louisa May Alcott) - pág.18
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El pobre Nat se hallaba tan fascinado que a duras penas se persuadió de que debía ir a depositar su primer trozo de propiedad mueble en la alacena de Asia. Luego volvieron y después de haber pasado revista a los dos caballos, a las seis vacas, a tres cerdos y a un cabrito, Tommy se llevó a su amigo a visitar un sauce añoso que crecía junto al susurrante arroyuelo. Subiendo al cercado era fácil llegar a un amplio nido formado en el arranque de la copa del árbol; en la parte superior del tronco las podas anuales habían dejado nudos de gruesas ramas que, retoñando, formaban una especie de verde cúpula. Allí se habían establecido diminutos asientos, y en una oquedad, hábilmente cerrada, existía espacio para guardar un par de libros, un barquito desmantelado y varios pitos a medio labrar.
-Este es el reservado de Medio-Brooke y mío; nosotros lo hemos fabricado y nadie, sin nuestro permiso, puede subir a él, excepto Daisy, pero no nos molesta que Daisy venga -advirtió Tommy, mientras Nat miraba embelesado el arroyuelo murmurador.
-¡Esto es hermosísimo! Confío en que me permitirás subir en alguna
ocasión. Jamás he visto nada tan bello; quisiera ser pájaro, para vivir siempre en este nido -dijo Nat.
-Verdaderamente es lindo. Puedes subir si Medio-Brooke te autoriza, y supongo que te autorizará, porque la otra noche le oí decir que eras muy simpático.
-¿De veras? -insinuó Nat, con sonrisa jubilosa.
-Sí; a Medio-Brooke le agradan los niños pacíficos y espero que serán
buenos amigos si tú procuras leer tan bien como lo hace él.
Nat se sonrojó al oír estas palabras, y después, balbuceó:
-No leo muy bien porque nunca he tenido tiempo para aprender; ya sabes que he vivido tocando el violín para comer.
-A mí me gusta leer, y leo bastante bien cuando hace falta-afirmó Tommy extrañado, al verse ante un chico de diez años que no sabía leer.
-Puedo leer un trozo de música -añadió Nat.
-Yo no -murmuró Tommy, con cierto respeto.
-Me propongo estudiar y aprender todo lo que pueda. ¿Son muy difíciles las lecciones del señor Bhaer?
-No, son sencillas; cuando se presenta alguna dificultad, la explica hasta que entendemos. Otros maestros no son así. El que yo tuve antes, cuando nos atascábamos en una lección, nos daba coscorrones erijo Tommy rascándose la cabeza, al evocar los enérgicos métodos de enseñanza del otro maestro.
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