La fiesta de los cubiertos (Louisa May Alcott) - pág.10
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Parecía haber perdido su voraz apetito por el pavo y los arándanos, mientras el pastel de carne picada con frutas debe haberse sentido desdeñado por su falta de interés hacia él. Parecía perdido en sus propias meditaciones, y no cesaba de mirar a su alrededor, como si viera algo que los demás no veían. Examinó el plato de Nelly como si buscara una rotura en él; sonrió a la cucharita al tomar sal, rechazó los encurtidos y la mostaza, retuvo todo el tiempo posible cierto tenedor doblado, y durante el postre intentó ejecutar música golpeando el borde de su lavadedos.
Pero al anochecer, cuando los más jóvenes se sentaron alrededor del fuego, los entretuvo relatándoles la extraña historia de la fiesta de los cubiertos, aunque omitió sabiamente los comentarios relativos a sí mismo y su familia, pues recordaba lo antipática que resultaba la cuchara para salsa. Para su fuero interno, resolvió seguir el consejo de Doña Cucharón para Salsa, y mantener su cara limpia, sus modales corteses y su manera de hablar amable, para demostrar que era de plata pura y ser considerado un verdadero caballero.
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