La fiesta de los cubiertos (Louisa May Alcott) - pág.4
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Y en cuanto a Tony, es muy glotón ; come todo lo que le cae entre manos y es el tormento de la criada.
-Sí; lo vimos robar torta del aparador, y no dijo una palabra cuando su madre regañó a Norah -intervino una cucharita para sal.
-¡Qué malvado ! -agregó otra, y las dos caras redondas expresaron tanto disgusto, que Tony se tendió de espaldas y cerró los ojos, como si durmiera, para ocultar su confusión.
Alguien rió, pero él no se atrevió a mirar, sino que permaneció tendido, ruborizado
y escuchando comentarios que probaban plenamente cuánto cuidado deberíamos tener en nuestras acciones y palabras, aun cuando estamos solos, pues quién sabe qué objeto aparentemente mudó puede estar observándonos.
-He notado que el señor Murry lee el diario en la mesa, en vez de conversar con su familia; que la señora Murry se preocupa por los sirvientes, que las niñas chismean y ríen, que los muchachos comen y se fastidian mutuamente, y que esa niñita, Nelly, pide todo lo que ve y jamás se queda quieta hasta que le dan la azucarera -declaró el Abuelo Cucharón, en tono apenado-. Con una conversación útil y agradable, las comidas resultarían encantadoras, en vez de convertirse en escenas de confusión e incomodidad.
-Cada vez que puedo, les muerdo las lenguas, en la esperanza de avivar sus ingenios ó impedir que digan descortesías, pero lo único que hacen es farfullar y recibir un regañó de la tía María, que es una solterona amargada y siempre critica a sus vecinos.
Al oír estas palabras de la cuchara para mostaza, las cucharitas de té rieron, como si la consideraran muy semejante a la tía María en ese aspecto.
-Provoqué un ataque de cólico a esa niñita, para enseñarle a no comer encurtidos, pero nadie me lo agradeció -dijo el tenedor.
-Tal vez si nos mantenemos relucientes para que quienes nos utilizan puedan verse reflejados en nosotros, podamos ayudarlos un poco, pues a nadie le gusta ver una cara desagradable ni una cuchara opaca. El arte de transformar un ceño en una sonrisa nunca pasa de moda, y las buenas maneras ahuyentan las pequeñas preocupaciones diarias -dijo una voz melodiosa, y todos miraron con respecto a doña Cucharón para Salsa, una cuchara muy fina, cuyo escudo y brillo todos envidiaban.
-La gente no puede andar recordando siempre cuán valiosa, antigua y brillante es.
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