La fiesta de los cubiertos (Louisa May Alcott) - pág.3
Indice General
|
Volver
Página 3 de 10
El cuchillo de plata para pan, que estaba inválido por tener la espalda rota y remendada, sonreía dulcemente a sus amigos, tendido en el estante, mientras el pequeño Cupido de la tapa de la mantequera, hacía piruetas maravillosas.
Una vez que todos bailaron, las cucharas descansaron sobre las servilletas acomodadas a manera de sofá, mientras los corteses tenedores traían ramitas de acelga para abanicarlas. Las cucharitas para sal se subieron al regazo del Abuelo, y los perros de plata se tendieron, jadeantes por haber jugueteado con los niños. Todos conversaban, y Tony no pudo menos que preguntarse si las damas verdaderas decían tales cosas cuando susurraban con sus cabezas juntas, pues algunas de sus observaciones eran tan personales, que lo dejaron muy confuso. Por suerte no le prestaron atención, así que, de manera tan extraña, pudo escuchar y aprender algo.
-Hace cien años que estoy con esta familia -comenzó el cucharón sopero-, y cada generación me parece peor que la anterior. Mi primer amo era puntualísimo al minuto, y la señora siempre bajaba de antemano para comprobar si todo estaba listo. Ahora el dueño de casa llega a cualquier hora, la señora deja que los criados hagan lo que les place, y los modales de los hijos son muy malos. ¡Triste situación, muy triste!
-¡ Dios mío, sí ! -suspiró una de las cucharas grandes-; el manejo doméstico ya no es tan bueno como en nuestra juventud. Entonces a las niñas se les enseñaba todo al respecto, pero ahora no piensan sino en libros o fiestas, de modo que son pocas las que saben distinguir una espumadera de una parrilla.
-Bueno, estoy segura de que las pobrecitas son mucho más felices que si se lo pasaran encerradas en la cocina, cómo solían hacerlo las niñas en su época. Para ellas es mucho mejor bailar, patinar y estudiar, que desperdiciar sus jóvenes vidas zurciendo, preparando conservas y quedándose muy compuestas al lado de sus mamás. Yo prefiero la modalidad actual, pese a que es verdad que las niñas de esta familia se acuestan tarde y usan tacones demasiado altos.
La cuchara para mostaza habló en tono animado, y el tenedor para encurtidos respondió con vivacidad
-Estoy de acuerdo contigo, prima. También los muchachos se acuestan tarde. Estoy cansado de que me despierten para pescar aceitunas o encurtidos para esos jovencitos, cada vez que llegan del teatro ó de algún baile.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
>>>
|