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Excursión accidentada (Louisa May Alcott) - pág.8

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Sin advertirlo, quedó adormecida y soñó que todos estaban abandonados en un témpano, y que un oso acudía para devorar a Gus, quien, inocente, lo llamaba como si fuera un perro y esperaba acariciarlo.
-¡Un oso! ¡Un oso! ¡Oh, muchachos, sálvenlo! -murmuraba Gwen durante su sueño, y el sonido de su propia voz la despertó.
Como había dormido más de lo que imaginaba, el fuego estaba casi apagado, la habitación llena de sombras, y la tormenta parecía haber amainado. En el silencio que entonces reinaba, no interrumpido ni por un ronquido, Gwen oyó algo que la hizo echarse a temblar. Alguien subía despacio por las escaleras del fondo. Estaba segura de que las puertas exteriores se hallaban todas cerradas, y todos los muchachos seguían en sus sitios, pues podía ver y contar sus tres largas figuras, y el pequeño Gus estaba acurrucado sobre el sofá. Las muchachas no se habían movido, y aquel no era un correteo de ratas, sino un paso lento y cauteloso, que subrepticiamente se acercaba cada vez más a la puerta del estudio, entreabierta desde que trajeran la última carga de leña.
"Pat golpearía o llamaría, y papá hablaría para no asustarnos. Quiero gritar, pero no lo haré hasta que vea si de veras es alguien", se dijo Gwen, mientras su corazón latía con rapidez y sus ojos, fijos en la puerta, se esforzaban por ver entre las tinieblas.
Los pasos se acercaron más, se detuvieron en el umbral, y por fin apareció una cabeza, al tiempo que la puerta, sin ruido, se abría más. Una cabeza de hombre cubierta con un gorro de piel, pero que no era la de papá, ni la de Pat, ni la del tío Ed. La pobre Gwen habría gritado entonces, pero había perdido la voz, de modo que sólo atinó a quedarse mirando, muda e inmóvil. Una minúscula llama iluminó por un instante a la alta figura del umbral: un hombre de barba, que llevaba en la mano algo brillante. "¿Sería una pistola, un puñal o un farol apagado?", se preguntó la muchacha, cuando el resplandor se apagó y las sombras volvieron para aterrarla.
El hombre pareció mirar con atención a su alrededor por un momento antes de desaparecer. Sus pasos se alejaron por el pasillo hasta la puerta principal, que fue abierta desde adentro para dejar pasar a alguien. Se oyeron susurros y luego otra vez, pasos que se acercaban acompañados por un resplandor.


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