Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.151
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hizo oscuras insinuaciones a una pasión única y
arrobadora y se sumergió de cuando en cuando en
ataques de melancolía byroniana. Luego, evitaba por
completo el tema del amor, escribía a Jo cartas filosóficas,
se volvió estudioso y hacía saber a todo el
mundo que se haría «tragalibros», con intención de
recibirse con todos los honores. Esto cuadraba mucho
más a la muchacha que las conferencias a la luz
del crepúsculo o las suaves presiones de la mago y
las miradas elocuentes, porque en el caso de Jo el
cerebro se desarrolló antes que el corazón y prefería
los personajes imaginarios que los reales, porque
a aquellos podía suprimirlos cuando se cansaba de
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ellos. En cambio los últimos eran mucho más difíciles
de manejar.
Las cosas estaban así al hacer Jo aquel gran descubrimiento,
y esa noche, cuando vino el muchacho a
visitarlas, como siempre, Jo lo observó como no lo
había hecho antes. De no habérsele metido aquella
idea nueva en la cabeza no hubiese visto nada desusado
en el hecho de que Beth estuviese muy calladita
y Laurie fuese muy amable con ella. Pero habiendo
soltado la rienda a su viva fantasía, ésta se puso
a galopar con ella a gran velocidad; además, su sentido
común se había debilitado por su larga concomitancia
con el romance por la serie de ellos que había
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