Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.50
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había propuesto y no fue culpa mía que todo fracasara.
Eso me consuela .dijo entonces Amy con voz
algo temblorosa.. Les agradezco mucho a todos la
ayuda que me prestaron y les agradeceré aún más si
ninguno menciona el asunto.
Nadie volvió a comentar aquello durante muchos
meses, pero la palabra «fiesta» siempre provocaba una
sonrisa general, y para el cumpleaños de Amy le regaló
Laurie una pequeña langosta de coral para dije
de su pulsera.
IV. LECCIONES LITERARIAS
LA FORTUNA sonrió de pronto a Jo y le puso en el camino
un talismán de buena suerte. No precisamente
un talismán de oro, pero dudo que medio millón le
hubiera causado felicidad más verdadera que aquella
pequeña suma que llegó a sus manos de esta manera:
Cada dos o tres semanas se encerraba Jo en su
cuarto, se ponía el «traje de escribir» y «caía en trance
», como ella decía, escribiendo su novela con alma
y vida, pues hasta que no había terminado el ataque
no le era posible quedarse en paz. Su «traje de escribir
» consistía en un delantal de lana negra en el que
podía limpiar la pluma cuantas veces quisiera sin que
se notase y una cofia del mismo material, adornada
con un alegre moño rojo, en la cual podía esconder
todo el pelo cuando estaba dispuesta para la acción.
Aquella gorra era como una señal para los ojos inquisidores
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