Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.47
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chistes con Laurie después, pero yo no estaré ahí
para oírlos, y eso me consuela .pensó Amy cuando
Tudor saludó y se bajó del ómnibus.
Amy ni siquiera mencionó este encuentro cuando
llegó a su casa, descubriendo, para colmo de males,
que su traje nuevo se le había manchado bastante
y que había hilillos de mayonesa corriendo por la
falda. Siguió, pues, con los preparativos, que ya le
iban resultando tediosos: a las once estaba todo listo
de nuevo. Segura de que los vecinos se interesarían
por sus movimientos, Amy deseaba borrar el recuerdo
del fracaso de ayer con el éxito de hoy, de
modo que pidió el coche grande y salió con mucha
ceremonia a buscar a sus invitadas para traerlas al
banquete.
-¡Se oye el ruido del coche... ya llegan! Saldré al
porche a recibirlas; es más acogedor y quiero que mi
pobre Amy lo pase muy bien después de todo el trabajo
que se ha tomado .dijo la señor a, uniendo la
acción a la palabra. Pero al decir la primera resolvió
volverse adentro, y lo hizo con una expresión indescriptible.
¡Perdidas en el inmenso coche iban Amy y
una sola invitada!
-Corre, Beth, ayuda a Ana a sacar la mitad de lo
que hay en la mesa. Sería ridículo presentar un almuerzo
para doce ante una sola chica .gritó Jo, tan
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