Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.44
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evidentemente enfrió el entusiasmo de las invitadas,
que debían llegar a las doce. No vino nadie, y a las
dos de la tarde la familia exhausta se sentó con el
sol a todo brillar a consumir las partes perecederas
del almuerzo de modo que nada se perdiese.
-Por lo menos hoy no habrá dudas sobre el tiempo;
vendrán todas con seguridad; así, pues, démonos
prisa para estar listas y recibirlas .exclamó Amy al
despertarse al día siguiente con el sol. Su tono era
animado, pero en el fondo del corazón deseaba no
haber dicho nada sobre el martes porque el interés
del asunto se estaba enfriando.
-No he podido conseguir langosta, así que tendrás
que suprimir el fiambre, querida .dijo el señor
March volviendo del mercado con expresión de plácida
desesperación.
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-Utiliza el pollo, entonces. En una mayonesa no
se notará que es duro .aconsejó la señora.
-Ana lo dejó en la mesa de la cocina y se lo comieron
los gatitos. Lo siento muchísimo, Amy .apuntó
Beth, que seguía protegiendo felinos.
-Entonces tengo que conseguir langosta a cualquier
precio, pues la lengua sola no basta .dijo Amy
con decisión.
-¿Quieres que me precipite a la ciudad a buscar
una? .preguntó Jo con magnanimidad digna de un
mártir.
-Eres capaz de venirte con ella bajo el brazo, sin
envolverla, nada más que para probar mi paciencia
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