Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.39
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resultará a ellas un cambio agradable y a nosotros
menos gravoso que empeñándonos a comprar o pedir
prestado cosas que no necesitamos y que no están
de acuerdo con nuestra posición.
-Si no lo hago del modo que he pensado prefiero
no hacerlo, mamá. Sé que puedo llevarlo a cabo
perfectamente con tu ayuda y la de las chicas. Además,
no veo por qué no, cuando estoy dispuesta a
pagar todos los gastos.
Amy hablaba con tono decidido.
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Sabiendo que la experiencia es la mejor maestra,
la señora de March dejaba .cuando ello era posible
- que sus hijas aprendieran por sí solas.
-Muy bien, hija. Si estás decidida y crees que podrás
hacer todo sin demasiado gasto de dinero, de
nervios y de tiempo, no te diré nada más. Háblalo con
tus hermanas y lo que decidan se hará, con toda la
ayuda que yo pueda darles.
-¡Gracias, mamá! ¡Eres siempre tan buena. .Y allí
se fue Amy a enterar a las otras chicas de su proyecto.
Meg estuvo de acuerdo desde el principio y prometió
ayudar, ofreciendo de corazón desde su casita
hasta sus mejores cucharitas de plata. Pero en cambio
Jo desaprobó todo el proyecto y no quería saber
nada de ayudar.
-¿Por qué diablos tienes que gastar dinero y fastidiar
a tu familia, amén de dar vuelta toda la casa,
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