Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.35
Indice General
|
Volver
Página 35 de 414
de yeso que se había endurecido con inesperada
rapidez. Con mucha dificultad y algún peligro fue
extraída del yeso, pues a Jo la venció de tal modo la
risa mientras hurgaba que se le escapó el cuchillo y
le cortó el piececito, quedando a la pobre Amy un
recuerdo imborrable de aquel ensayo artístico.
Después de ese experimento, Amy se tranquilizó
un tiempo, hasta que la manía de bosquejar del natural
la llevó a frecuentar el río, el campo y el bosque,
a la búsqueda de estudios pintorescos, mientras suspiraba
por algunas ruinas que copiar. Innumerables
fueron los resfríos que se pescó sentándose en la
hierba húmeda para hacer un apunte de algún «delicioso
detalle», compuesto de una piedra, un poste,
un hongo y un tallito quebrado o de «un precioso
macizo de nubes» que parecían .cuando pintadas.
una exhibición selecta de colchones de pluma. Hasta
sacrificó su cutis bogando por el río en pleno verano
para estudiar la luz y la sombra.
Si el genio no es más que «paciencia eterna», como
afirmó Miguel Ángel, por cierto que Amy tenía algún
derecho a ese divino atributo, pues perseveraba a
37
pesar de todos los obstáculos, fracasos y desencantos,
porque creía firmemente que algún día iba a hacer
algo digno de ser llamado «gran arte».
Entretanto, aprendía, hacía y disfrutaba de otras
cosas, pues también estaba resuelta a ser una mujer
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-414
|