Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.31
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mariposas en día de verano.
La falta de aliento puso fin al baile improvisado y
luego la concurrencia comenzó a marcharse.
-Te deseo mucho bien, querida, de corazón te
deseo bien, pero creo que te arrepentirás .dijo tía
March a Meg, añadiendo al novio al acompañarla él
hasta el coche.: Tiene usted un tesoro, caballerito,
vea usted de merecerlo.
-Éste es el casamiento más lindo que he visto
en mucho tiempo, Eduardo, y no sabría decir por qué,
pues no tuvo ninguna elegancia .observó a su marido
la joven señora de Moffat al alejarse en su coche.
-Laurie, muchacho, si alguna vez tienes ganas de
darte un lujo de esta clase, consíguete una de estas
chiquitas para acompañarte y estaré completamente
satisfecho .manifestó el señor Laurence sentándose
a descansar en su sillón después de la agitación
de la mañana.
-Haré lo posible por darle gusto, señor .fue la
respuesta de Laurie, desusadamente obediente, y se
desprendió de la solapa con sumo cuidado la flor
que Jo le había puesto en el ojal.
La casita de Meg y Juan no quedaba lejos y el
único viaje de novios que hizo Meg fue el tranquilo
paseo con su Juan de la vieja casa a la nueva.
-No tengan la impresión de que me separe de
ustedes, mamita querida, o de que los quiera menos
porque quiera tanto a Juan .
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