Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.28
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cara.
-¿Acaso Jo ha roto por accidente todas las botellas?
-pr eguntó. ¿O me equivoco al cr eer que vi
algunas por ahí esta mañana?
-No, es verdad; tu abuelo nos ofreció lo mejor
de su bodega y tía March nos mandó varias botellas,
pero papá reservó algunas para Beth y despachó el
resto para el Asilo de Marineros. Ya sabes que él piensa
que el vino debe beberse sólo en caso de enfer
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medad, y mamá siempre dice que ni ella ni sus hijas
se lo ofrecerán nunca a ningún joven bajo su techo.
Meg hablaba con toda seriedad y esperaba que
Laurie se riese o refunfuñase, pero el chico no hizo
ninguna de las dos cosas, sino que dijo con su modo
impetuoso de siempre:
-Eso me parece bien. Bastante daño he visto hacer
por la causa contraria para no desear que ninguna
mujer piense como ustedes.
-Espero que no hayas adquirido sabiduría con la
experiencia, ¿eh?
-No, te doy mi palabra de que no. Y no vayas a
darme mucho mérito por eso, sino que ésta no es
una tentación para mí. Educado en un medio donde
el vino me llama la atención, aunque cuando a uno
se lo ofrece una chica bonita no se puede rehusar,
¿eh?
-Pero lo harás, si no por ti, por los demás. ¡Ea,
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