Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.16
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defendido con tanta valentía le hubiera picoteado
con toda seguridad, pues parecía formidable.
-¡Cuándo crecerás, Laurie! .observó Meg con
tono de matrona.
-Hago lo posible, señora, pero no creo que pueda
adquirir más estatura, pues 1,90 metro es todo lo
que se puede pretender en esta época de decadencia
-respondió el caballero, cuya cabeza llegaba casi
a la araña de la sala.
-Me imagino que sería una profanación comer
en esta flamante tacita de plata, así que como tengo
un hambre imponente propongo un traslado .añadió
poco después.
-Mamá y yo vamos a esperar a Juan, pues todavía
quedan unas últimas cosas por resolver contestó Meg
retirándose muy atareada.
-Beth y yo nos vamos a casa de Kitty Bryant a
buscar más flores para mañana .agregó Amy probando
el efecto de un sombrero muy pintoresco sobre
sus rizos igualmente graciosos y disfrutando del resultado
como todos los demás.
-Vamos, Jo, no abandones a este pobre individuo.
Estoy en tal estado de agotamiento que me es
imposible llegar a casa sin ayuda. No te saques ese
delantal por nada del mundo: es estupendamente
sentador .le dijo Laurie al quitarse Jo el delantal,
que era especial aversión de Laurie. ofreciéndole al
muchacho el brazo para guiar sus débiles pasos.
-Bueno. Teddy, ahora tenemos que hablar muy
seriamente de mañana .comenzó a decir Jo al salir
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