Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.13
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dinero.
-Sí, mamá, de eso estoy segura .dijo Meg, escuchando
respetuosamente esta pequeña homilía.. ¿Saben
que éste es el cuarto que más me gusta en mi
casita de muñecas? .añadió Meg poco después, cuando
subieron al piso alto, y echando una ojeada a su
bien provisto placar de ropa blanca.
Allí estaba Beth arreglando las blanquísimas pilas
con gran prolijidad en los estantes y deleitándose
con el hermoso despliegue. Las tres soltaron la risa
al oír a Meg, pues el placar de la ropa blanca era ya
una broma clásica, pues la tía March se había valido
de un truco para mandar hacer y marcar con iniciales
una abundante provisión de ropa de cama y de mesa
y enviarla como regalo de la tía Carrol. Pero el secre
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to se supo, divirtiendo mucho a la familia, pues la tía
March trataba de hacerse la desentendida, insistiendo
en decir que no podía regalar otra cosa que las
perlas antiguas, prometidas desde tiempo atrás a la
primera novia.
-He aquí un gusto muy femenino que me complace
mucho ver en ti como ama de casa. Yo tenía una
amiga joven que comenzó su vida de hogar con seis
sábanas, pero en cambio tenía bol para la fruta para
cuando tuviese visitas, y eso la satisfacía plenamente
-observó la señora de March pasando la mano
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