Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.12
Indice General
|
Volver
Página 12 de 414
las puertas.
-Sarita no es la esposa de un hombre pobre y las
muchas mucamas están de acuerdo con su hermosa
mansión. Meg y Juan comienzan modestamente, pero
tengo la impresión de que habrá tanta o más felicidad
en la casita chica como en la grande. Es un error
que a las muchachas jóvenes como Meg no les quede
otra cosa que hacer que vestirse, dar órdenes y
chismorrear. Recién casada, yo estaba deseando que
se gastase mi ropa nueva o que se rompiese, así podía
remendarla porque me harté de hacer bordaditos
-dijo la señora March.
¿Por qué no ibas a la cocina y ensayabas «comistrajos
», como hace Sally para divertirse, aunque nunca
le salen bien y las sirvientas se ríen de ella? apuntó
Meg.
Lo hice, después de un tiempo, pero no para
ensayar «comistrajos», sino para aprender a hacer las
cosas bien y que los sirvientes no tuviesen que reírse
de mí. Entonces era sólo un juego, pero día llegó
en que agradecía tener conocimiento para cocinar
alimentos sanos para mis hijitas y hacer mi trabajo
cuando ya no pude pagarme servidumbre alguna. Tú,
Meg, comienzas al extremo opuesto, pero las lecciones
que ahora aprendas te serán útiles más adelante
cuando Juan sea más rico, pues una dueña de casa,
por opulenta que sea, debe saber cómo se hace el
trabajo si quiere que la sirvan bien y no le birlen el
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-414
|