Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.9
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encaje, sino muebles sencillos, muchos libros y uno
que otro buen cuadro, un arriate de flores en la ventana,
y desparramados por todas partes los bonitos
regalos enviados por manos amigas.
No creo que la estatua de mármol de Paros .regalo
de Laurie. perdiese un átomo de su belleza
porque Juan hubiese hecho una repisa para colocarla,
ni que tapicero alguno pudiese haber arreglado
con más gracia las simples cortinas de muselina que
la mano artística de Amy. Y doy mi palabra de honor
que ninguna cocina pudo estar más cómoda y prolija
que la que Ana arregló cambiando cada cacerola de
sitio veinte veces y aun preparando el fuego para que
lo encendiese «la señora de Brooke» al minuto de
entrar en su casa. También dudo que ninguna señora
joven comenzase su vida de casada con una provisión
tan rica de repasadores, plumeros, agarraderas
y bolsas de retazos, pues Beth le hizo tantos a Meg
como para durarle hasta las bodas de plata.
La gente que manda hacer o compra todas estas
cosas no sabe lo que se pierde, pues las tareas más
humildes parecen hermosas si se hacen con mano
cariñosa, y Meg encontró una amplia prueba de ello,
pues todas las cosas de su nidito, desde el palote
de la cocina hasta el florero de plata de la mesa de
la sala, eran testimonios elocuentes de amor al hogar
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