Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.7
Indice General
|
Volver
Página 7 de 414
cuando Laurie los traía a quedarse en su
casa.
La que más disfrutaba de este alto honor era naturalmente
Amy, quien llegó a ser la «niña bonita» del
grupo, ya que la señorita aprendió bien pronto a darse
cuenta del don de fascinación de que estaba bien
dotada. Meg hallábase demasiado absorbida por su
muy particular y especialísimo Juan como para ocuparse
de ningún otro señor de la creación y Beth era
demasiado tímida para animarse a hacer otra cosa
que echarles una mirada y maravillarse de que Amy
se atreviese a darles órdenes y mandarlos de aquí
para allá; en cuanto a Jo, estaba con ellos en su elemento
y le era muy difícil refrenarse y no imitar sus
modales, sus actitudes varoniles, sus frases y sus
hazañas, todo lo cual le parecía a ella más natural
que las decorosas actitudes prescriptas para las señoritas.
A todos ellos gustaba Jo muchísimo, pero
ninguno se enamoró de ella, mientras que fueron
pocos los que pudieron escaparse de pagar el tributo
de un suspiro sentimental ante el altar de Amy.
Hablando de cosas sentimentales, tenemos que
dirigirnos, con toda naturalidad, al «Palomar».
Así se llamaba la casita de color pardo que el señor
Brooke había preparado como primer hogar de
Meg. Así la había bautizado Laurie, encontrando ese
nombre muy apropiado a los gentiles enamorados
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-414
|