Buenas esposas (Louisa May Alcott) - pág.2
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pequeña parroquia, que encuentra en él al verdadero
pastor, por naturaleza y por gracia de Dios.
Por lo tanto, pese a su pobreza y a su rigurosa
integridad, que le vedaron los éxitos más mundanos,
aquellos atributos atrajeron junto al señor March a
mucha gente admirable, con la misma naturalidad con
que las hierbas dulces atraen a las abejas. Y con igual
naturalidad les dio él la miel destilada en cincuenta
años de dura experiencia, sin que se colase una sola
gota de acíbar.
Para los de afuera parecían gobernar la casa las
cinco enérgicas mujeres, y así era efectivamente en
muchas cosas, pero aquel hombre tranquilo, estudioso,
sentado entre sus libros, seguía siendo el jefe
de la familia, la conciencia hogareña, el ancla, el consuelo.
Era hacia él a quien se volvían en momentos
difíciles las mujeres de su hogar atareadas o inquietas,
según el caso, encontrándolo siempre, en el estricto
cumplimiento de esas misiones sagradas: marido
y padre.
Las chicas entregaban a su madre el corazón y a
su padre el alma, y a ambos, que vivían y bregaban por
ellas con tanta firmeza, les daban un amor que crecía
igual que ellas y las ligaba con lazos de esa ternura
que es bendición para la vida y que sobrevive a la
muerte.
La señora de March está tan ágil y animosa como
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