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Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol) - pág.148

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hacer que el muerto no hubiese sido. Nuestros magistrados hubiesen podido
juzgar muy bien esta causa; pero el hipócrita de mi marido, para
excusarse, ha dicho que él hubiese cumplido con su deber conyugal si no
hubiese temido que al abrazarme, con la cólera que mis palabras orgullosas
le habían inspirado, el hijo por él engendrado hubiese sido luego un
hombre furioso.
»La corte, llena de confusión por esta disculpa, nos ha mandado que
nos presentemos a los filósofos, y ante ellos pleiteemos nuestra causa.
Tan pronto como recibimos este mandato nos metimos en una jaula colgada
del cuello de este gran pájaro que vosotros veis, y mediante una polea que
hemos atado a su cuello bajamos a la tierra o nos elevamos hacia el aire.
En nuestra provincia hay personas que especialmente se dedican a cazar
estos pájaros cuando son jóvenes, para luego instruirlos en los trabajos
útiles para nosotros. Lo que principalmente los obliga a volverse mansos,
en contra de su natural ferocidad, es que para satisfacer su hambre, que
es casi siempre insaciable, nosotros les abandonamos los cadáveres de casi
todos los animales que mueren. Por lo demás, cuando nosotros queremos
dormir (pues, acaso para reponernos de los excesos de amor demasiado
continuos, que nos debilitan, nosotros necesitamos del descanso) dejamos
en el campo, separados de trecho en trecho y atados con sendas cuerdas,
veinte o treinta pájaros como éste, y estos pájaros, levantando el vuelo,
con sus grandes alas dejan al cielo en una noche obscura que se dilata
hasta el horizonte». Estaba yo muy atento a estas razones y contemplaba
lleno de asombro el enorme tamaño de este pájaro gigante, cuando
Campanella, después que lo hubo mirado un poco, dijo: «¡Ay!, realmente es
uno de estos monstruos de pluma llamados cóndores, que a veces se ven en
la isla de Mandrágora, en nuestro mundo, y en general en toda la zona


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