Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol) - pág.147
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»Y para contaros en pocas palabras las muchas razones que aquí me
conducen, sabed que he venido para pedir justicia por un asesinato
cometido en el más joven de mis hijos; este bárbaro que aquí cogido
traigo, aunque es su padre, lo mató dos veces». Nosotros quedamos muy
suspensos con estas razones; por lo cual yo quise saber qué quería decir
ella con que un niño había sido asesinado dos veces. «Sabed -contestó esta
mujer- que en los estatutos de amor de nuestro país, entre otras muchas
hay una ley que regula el número de besos que un marido está obligado a
dar a su mujer. Para hacer cumplir esta ley en cada barrio hay un médico
que todas las noches va de casa en casa, y luego de haber visitado al
marido y a la mujer y de haber considerado la salud de aquél y la
debilidad o fortaleza de ésta, impone a ambos un número determinado de
abrazos que en esa noche han de darse mutuamente. Mi marido, éste que aquí
traigo, tenía la obligación de darme siete. Sin embargo, enfadado por
algunas palabras un poco orgullosas que yo le había dicho al acostarnos,
no estuvo abrazado a mi todo el tiempo que permanecimos en la cama. Pero
Dios, que toma venganza por los afligidos, permitió que en sueños este
miserable, inquieto por el recuerdo de los besos que injustamente me
debía, dejase perder a un hombre. Ya os he dicho que su padre le mató dos
veces, y ello fue porque impidiéndole que sea, ha hecho que no sea; y he
aquí el primer asesinato; mas también ha hecho que no haya sido, y he aquí
el segundo. Mientras que un asesino cualquiera lo más que hace con su
asesinato es privar del ser al que priva de la luz del día; pero no podría
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