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Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol) - pág.141

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hormigueaban los fénix y también vi algunos arbolillos silvestres de ese
frutal cuyas manzanas cogió la Discordia para tirarlas a los pies de las
tres Diosas; habían brotado allí de algunos gérmenes del país de las
Hespérides. Estos dos ríos se dividen en infinitos brazos que entre sí se
enlazan. Yo observé que cuando un gran riachuelo de la Memoria se acercaba
a uno más pequeño de la Imaginación, en seguida absorbía a éste; pero que
si en cambio el riachuelo de la Imaginación era mayor, atraía al de la
Memoria. Ahora bien; como estos ríos, lo mismo sus cauces que sus
afluentes, siempre se deslizan el uno al lado del otro, allí donde la
Memoria se fortalece la Imaginación se debilita, y ésta aumenta su caudal
a medida que el de aquélla enflaquece.
Muy cercano de estos ríos discurre el del Juicio: su cauce es
profundo y su linfa fría; cuando se derrama sobre alguna cosa la seca en
lugar de mojarla. Crecen entre la tierra de su lecho plantas de eléboro,
cuya raíz, que en largos filamentos se extiende, limpia el agua con su
boca. Este río nutre muchas serpientes, y sobre la hierba blanda que
tapiza sus orillas descansan tendidos un millón de elefantes. El río, como
sus hermanos, se ramifica en un sinnúmero de pequeños afluentes; mas así
que va discurriendo, su cauce aumenta el caudal, y aunque siempre
avanzando en su camino, eternamente va y viene sobre sí mismo.
Todo el Sol está regado por la linfa de estos tres ríos; sirve para
humedecer los átomos ardientes de los que mueren en este gran mundo; mas
eso merece que con más detención lo tratemos.
La vida de los animales del Sol es muy larga, pues no mueren sino de
muerte natural, y ésta tan sólo acaece al término de siete mil u ocho mil
años, cuando los continuos excesos de su espíritu, a los cuales su


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