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Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol) - pág.128

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produce un hierro rojo sumergido en agua fría.
Cuando la Rémora advirtió por el debilitamiento del choque, que ya
apenas la dañaba, que el combate se acercaba a su fin, se irguió sobre un
ángulo de su cubo y dejóse caer con todo su peso sobre el estómago de la
Salamandra, con tan buena fortuna que el corazón de la pobre Salamandra,
en el que todo el resto de su ardor se había concentrado, se reventó,
produciendo un trueno tan espantoso que no creo que pueda compararse con
ningún ruido de la Naturaleza.
Así murió la Bestia de Fuego, vencida por la lenta resistencia del
animal de Hielo.
Poco tiempo después de que la Rémora se retirase nosotros nos
acercarnos al campo de batalla, y el anciano, mojándose las manos con la
tierra sobre la que había andado la Rémora para que le sirviese de
preservativo para las quemaduras, empuñó el cadáver de la Salamandra. «Con
el cuerpo de este animal -me dijo- no tengo que encender el fuego en mi
cocina, pues mientras lo tenga colgado en los llares hará hervir y asar
todo lo que tenga puesto en el hogar. En cuanto a los ojos, pienso
guardarlos cuidadosamente; si no estuviesen obscurecidos por las sombras
de la muerte vos creeríais que eran dos pequeños soles. Los ancianos de
nuestro mundo sabían hacerlos aprovechar muy bien; con ellos hacían lo que
llamaban lámparas ardientes, las cuales lámparas no eran colgadas más que
en las sepulturas suntuosas de las personas ilustres. Los modernos han
encontrado algunas al excavar esos famosos sepulcros; pero su ignorante
curiosidad los ha reventado, pensando encontrar detrás de las membranas
rotas el fuego que ellos veían relucir dentro».
El anciano seguía andando siempre y yo le iba siguiendo, atento a las
maravillas que me describía. Así, a propósito del combate que acabábamos
de presenciar, no he de olvidar yo las razones que pasamos hablando del


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