Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol)

Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol) - pág.107

Indice General | Volver

Página 107 de 156


o que se complacen en hacerles miedo, como los búhos o los autillos, y
veréis cómo abandonamos sus nidos a la vista de todo el mundo, retirando
de ellos la solicitud de nuestras ramas para que así puedan ser presa de
todo el mundo; pero no es necesario ir detallando tantas cosas para probar
que los árboles ejercen con el cuerpo o con el alma todas nuestras
funciones. ¿Por ventura algún hombre habrá dejado de observar que cuando
llega la primavera y el sol rejuvenece nuestra corteza, alegrándola con
una savia fecunda, alargamos nosotros nuestras ramas y las inclinamos
cargadas de fruto hacia el seno de la Tierra, cuyos amantes somos? La
Tierra, por su parte, se entreabre y se entibia con un calor idéntico, y
como si cada una de nuestras ramas fuese un..., ella se acerca para
unírsenos, y entonces nuestras ramas, transidas de placer, descargan en su
regazo la semilla, que ya la Tierra está impaciente por fecundar. Y a
pesar de esta impaciencia está nueve meses para formar el embrión antes de
que a la luz lo dé; pero el árbol, su marido, que teme que el frío del
invierno dañe su embarazo, se despoja de su ropa verde para cubrirlo y él
se contenta, para ocultar un poco su desnudez, con un vicio manto de hojas
muertas.
»Y vosotros los hombres estáis eternamente mirando estas cosas y no
las contempláis jamás con atención, y hasta habéis tenido ante vuestros
ojos más convincentes pruebas y ni siquiera han estremecido a los menos
obstinados».
Tenía yo la atención muy embargada por las razones con que esta
arbórea voz me hablaba y esperaba que prosiguiese, cuando de pronto cesó
de hacerlo, con el mismo tono que una persona a la que el aliento corto le
impidiese hablar.
Como yo la viese muy obstinada en guardar el silencio, la rogué por


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-156  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados