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Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol) - pág.104

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¿Por
qué?» «Porque -replicó la voz que primero rompió el silencio-, porque yo
me siento emocionada del mismo modo que acostumbramos a estremecernos
cuando esos animales que se llaman hombres están cerca de nosotros, y
quería preguntarte si tú sientes lo mismo».
Tardó un poco en responder la otra voz, como si en ese intervalo
hubiese querido aplicar todos sus sentidos más secretos al descubrimiento
del hombre; mas luego exclamó: «¡Dios mío, razón teníais, y os juro que
encuentro a mis órganos tan alterados por las especies del hombre, que o
mucho me equivoco, o alguno hay muy cerca de aquí!»
Entonces se oyeron muchas voces, y todas a coro afirmaban que sentían
la presencia de un hombre.
Por más que yo miraba por todas partes no descubría de dónde pudiesen
venir esas palabras. Por fin, luego que me repuse un poco del horror con
que este acontecimiento me había consternado, contesté a la voz que
advirtió que sentía a un hombre y le dije que estaba efectivamente en lo
cierto. «Pero os suplico -agregué- quienquiera que seáis, voz que de mí
decís esas razones, me enseñéis en dónde estáis». Un momento después
escuché estas palabras:
«Nosotros estamos ante tu presencia. ¡Tus ojos nos miran y no nos
ves! Fíjate en las encinas, en las que nosotros sentimos que tienes la
vista puesta; somos nosotros los que te hablamos, y si te extraña que lo
hagamos en una lengua del pueblo al que tú perteneces, sepas que nuestros
primeros padres de allí son originarios; ellos vivían en Epiro, en el
bosque de Dodona, en el cual su bondad natural los inclinó a decir los
oráculos a los afligidos que por ellos preguntaban; para cumplir este
menester habían aprendido la lengua griega, que entonces era la más
universal, a fin de que todo el mundo los entendiese; y como nosotros


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