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Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol) - pág.43

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animales a reparar con la alimentación lo que de su substancia pierden, y
hoy siento que el Sol, con su cura constante y cercana irradiación, me
hace reparar todo el calor radical que voy perdiendo, ya con ello no
siento los deseos de un hambre que en este caso sería vana». A estas
razones mías yo mismo me objetaba que puesto que el temperamento, que es
lo que constituye la vida, no sólo consistía en ese calor natural, sino
también en esa humedad sobre la que el fuego debe prenderse como la llama
en el aceite de una lámpara, los rayos de ese brasero vital no podrían
alimentarnos el alma si no encontraban alguna materia untuosa que los
atrajese hacia sí. Pero muy luego vencí esta dificultad, reparando en que
en nuestros cuerpos la humedad radical y el calor natural no son más que
una misma cosa; pues lo que se llama húmedo, sea en los animales, sea en
el Sol, esa grande alma del mundo, no es más que una fluxión de chispas,
más continuas a causa de su movilidad, y lo que se llama calor es una
confusión de átomos de fuego que parecen menos sueltos a causa de su
interrupción. Pero aun cuando el calor y la humedad radical fuesen dos
cosas distintas, es desde luego cierto que la humedad no sería necesaria
para vivir cerca del Sol, porque puesto que esta humedad no sirve entre
los vivos sino para detener el calor que de otro modo se exhalaría
demasiado rápidamente y no se repararía con suficiente prontitud, no
habría que temer su falta en una región en la cual se reunían muchos más
corpúsculos llameantes constitutivos de la vida que los que de mi cuerpo
se desprendían.
Otra cosa puede también asombrar; es a saber: que las cercanías de
este globo ardiente no me consumieron, puesto que yo casi habla alcanzado


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