Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol)

Cyrano de Bergerac (Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol) - pág.21

Indice General | Volver

Página 21 de 156


Él
recibió el escudo con mucho donaire y me dijo que mi mala suerte le
afligía. Como yo viese que su corazón se ablandaba, le repliqué: «He aquí
otro escudo como agradecimiento a las molestias que estoy pesaroso de
causarle». Él abrió mucho sus oídos, su corazón y sus manos, y yo le
repliqué, entregándole el tercer escudo, que le suplicaba pusiese cerca de
mí a uno de sus mozos para que me hiciese compañía, porque los desdichados
siempre temen la soledad.
Maravillado por mi largueza me prometió todo lo que le pedía, y
postrándose ante mis rodillas declamó contra la justicia, diciéndome que
ya comprendía él que yo debía tener muchos enemigos, pero que a pesar de
todo saldría felizmente de mis penas, que tuviese mucho valor y que por lo
demás él procuraría que antes de tres días se olvidasen lo que se
consideraban torpezas mías. Yo le agradecí mucho sus cortesías, y luego de
mil abrazos, que no parecía sino que iba a estrangularme, este buen amigo
cerró y dio vuelta al cerrojo de mi puerta.
Yo me quedé enteramente solo, lleno de melancolía y con el cuerpo
ovillado sobre un montón de paja molida; pero no tan menudamente que les
impidiese a más de cincuenta ratas desmenuzarla en más pequeñas briznas.
La bóveda, las murallas y el suelo de mi calabozo estaban formados por
seis bloques de piedra, de tal modo que la Muerte se me aparecía por
encima, por debajo y por alrededor de mí como si estuviese en una tumba;
así que no podía creer sino que aquello era mi entierro. La baba fría de
los caracoles y el seroso veneno de los escorpiones se me resbalaba por la
cara; las pulgas tenían sus aguijones más largos que el cuerpo. También la
piedra me acongojaba y me hacía tanto daño como si fuese mal de piedra


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-156  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados