El médico a palos (Moliere) - pág.24
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Gerónimo.
Doña Paula.
Querido padre.
D. Ger.
¡Que es esto, picarones, infames!
Leand.
Esto es(108) enmendar un desacierto. Habíamos pensado irnos a Buitrago, y desposarnos allí, con la seguridad que tengo de que mi tío no desaprueba este matrimonio; pero lo hemos reflexionado mejor. No quiero que se diga, que yo me he llevado robada a su hija de usted: que esto no sería decoroso, ni a su honor, ni al mío; quiero que usted me la conceda con libre voluntad, quiero recibirla de su mano. Aquí la tiene usted, dispuesta a hacer lo que usted le mande; pero le advierto, que si no la casa conmigo, su sentimiento será bastante a quitarla la vida, y si usted nos otorga la merced que ambos le pedimos, no hay que hablar de dote.
D. Ger.
Amigo, yo estoy muy atrasado, y no puedo...
Leand.
Ya he dicho que no se trate de intereses.
Doña Paula.
Me quiere mucho Leandro para no pensar con la generosidad que debe. Su amor es a mí, no a su dinero de usted.
D. Ger.
Su dinero(109) de usted, su dinero de usted. ¿Que dinero tengo yo, parlera? ¿No he dicho ya que estoy muy atrasado? No puedo dar nada, no hay que cansarse.
Leand.
Pero bien, señor, si por eso mismo se le dice a usted que no le pediremos nada.
D. Ger.
Ni un maravedí.
Doña Paula.
Ni medio.
D. Ger.
Y bien, si digo que sí, ¿quién os ha de mantener, badulaques?
Leand.
Mi tío. ¿Pues no ha oído usted que aprueba este casamiento? ¿que más he de decirle?
D. Ger.
¿Y se sabe si tiene hecha alguna disposición?
Leand.
Si señor, yo soy su heredero.
D. Ger.
¿Y que tal, está fuertecillo?
Leand.
¡Ay! no señor, muy achacoso. Aquel humor de las piernas le molesta mucho, y nos tememos que de un día a otro.
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