El médico a palos (Moliere) - pág.10
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D. Ger.
¿Por que?
Jul.
Porque Doña Paulita no ha menester médicos, sino marido, marido, eso la conviene: lo demás es andarse por las ramas. ¿Le parece a usted que ha de curarse con ruibarbo, y jalapa, y tinturas, y cocimientos, y potingues y porquerías, que no sé cómo no ha perdido ya el estómago? No señor, con un buen marido, sanará perfectamente.
Luc.
Vamos, calla, no hables tonterías.
D. Ger.
La chica no piensa en eso. Es todavía muy niña.
Jul.
Niña! sí, cásela usted, y verá si es niña.
D. Ger.
Más adelante no digo que...
Jul.
Boda, boda, y afloxar el dote, y...
D. Ger.
¿Quieres callar, habladora?
Jul.
Allí le(44) duele... Y despedir médicos y boticarios, y tirar todas esas pócimas y brebajes por la ventana, y llamar al novio, que ese la pondrá buena.
D. Ger.
¿A qué novio, bachillera, impertinente? ¿En dónde está ese novio?
Jul.
¡Qué presto se le olvidan a usted las cosas! ¿Pues que no sabe usted que Leandro la quiere, que la adora, y ella le corresponde? ¿No lo sabe usted?
D. Ger.
La fortuna del tal Leandro está en que no le conozco, porque desde que tenia ocho o diez años no le he vuelto a ver... Y ya sé que anda por aquí acechando, y rondándome la casa; pero como yo le llegue a pillar... Bien que lo mejor será escribir a su tío para que le recoja, y se le, lleve a Buitrago, y allí se le tenga. ¡Leandro! ¡Buen matrimonio por cierto! con un mancebito que acaba de salir de la universidad: muy atestada de Vinios la cabeza, y sin, un cuarto en el bolsillo.
Jul.
Su, tío, que es muy rico, que es muy amigo de usted, que quiere mucho a su sobrino, y que no tiene otro heredero, suplirá esa falta.
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