El enfermo imaginario (Moliere) - pág.42
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BERALDO. -¿Tan indignado estás con él?
ARGAN. -Sí, porque es un imprudente; y si los médicos procedieran con cordura, harían lo que yo he dicho.
BERALDO. -Él será más cuerdo que los médicos, porque no los llamará nunca.
ARGAN. -Peor para él, si se priva de sus remedios y recursos.
BERALDO. -Tiene sus razones para hacerlo, porque él sostiene que sólo las personas muy vigorosas y robustas pueden resistir a un tiempo los remedios y la enfermedad. Por su parte, él no tiene aguantes más que para soportar la enfermedad.
ARGAN. -¡Vaya una razón estúpida! No hablemos más de ese individuo, porque se me irrita la bilis y acabaré teniendo un ataque.
BERALDO. -Pues cambiemos de conversación... Respecto a lo de tu hija, no está bien que por un ligero altercado tomes una resolución tan violenta como la de encerrarla en un convento. Al elegirles un marido no debemos obedecer ciegamente al mandato de nuestros prejuicios; debemos conceder algo a la inclinación de nuestras hijas, puesto que de eso depende la felicidad de una unión que ha de durar toda la vida.
ESCENA IV
ARGAN, BERALDO y FLEURANT, que llega armado de utm lavativa.
ARGAN. -(A Beraldo.) Con tu permiso.
BERALDO. -¡Cómo! ... ¿Qué vas a hacer?
ARGAN. -No es más que un ligero lavado. Cuestión de un instante.
BERALDO. -¡Vaya una broma! ¿ Pero es que no puedes pasar un momento sin lavados y sin medicinas? ¡Deja eso para otra ocasión y estate aquí tranquilo!
ARGAN. -Hasta la noche o hasta mañana, señor Fleurant.
FLEURANT (A Beraldo.) -¿Quién sois vos para oponeros a las
prescripciones de la medicina e impedir que el señor tome su ayuda?
¡Es un atrevimiento bastante necio!
BERALDO. - ¡Ande, ande! ... Ya se ve que no estáis acostumbrado a hablar con la gente mirándole a la cara.
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