El enfermo imaginario (Moliere) - pág.28
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"¿Hay algo que pueda merecer tal reconocimiento? -dice él-. ¿Y qué no haría yo..., qué servicios y a qué peligros no me arrojara por merecer un solo instante la atención de alma tan generosa?"... El espectáculo transcurre sin que él le preste la menor atención, y sólo al terminar encuentra que ha sido demasiado breve, pues ha de separarse de ella... Esta primera entrevista, estos solos momentos, producen en su corazón la violencia de un amor alimentado por los años. Hace los imposibles por volver a verla; pero como la vigilancia en que ella vive se lo impide, se resuelve a pedir su mano y obtiene de ella el consentimiento para hacerlo, a la par que le advierte de que su padre ha concertado su matrimonio con otro, y que todo está ya dispuesto para la ceremonia. ¡Juzgad qué golpe tan cruel para el corazón de aquel triste pastor!.. Un sufrimiento moral le aniquila, y no pudiendo soportar la idea de ver a la que ama en brazos de otro, su amor desesperado le hace imaginar una trama con que introducirse en casa de la pastora para conocer sus sentimientos y escuchar de sus labios cuál es el destino que le aguarda. Al llegar, ve los temidos preparativos y conoce al indigno rival que el capricho de un padre opone a las ternezas de su amor. Ve a ese rival ridículo, triunfante al lado de su amable pastora y poseído como el que ha hecho una conquista. Esta presencia le llena de tal cólera que apenas puede dominarse; mira dolorosamente a la que ama, y por respeto a ella y a la presencia del padre, guarda silencio, expresándose sólo con los ojos, hasta que, al fin, no pudiendo contener los transportes de su pasión, habla así:
(Canta.)
Mi sufrir, bella Filis,
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