El enfermo imaginario (Moliere) - pág.10
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ARGAN. -Pero, ¿en qué país vivimos? ¿Qué audacia es ésta de
atreverse una pícara de sirvienta a hablar de ese modo a su amo?
ANTONIA. -Cuando un amo no sabe lo que hace, una sirvienta
con juicio tiene derecho a enmendarle la plana.
ARGAN (Lanzándose sobre ella.) -¡Te voy a apabullar por insolente!
ANTONIA (Huyendo.) -¡Tengo la obligación de impedir que mis señores se deshonren!
ARGAN (Iracundo, enarbola el bastón y corre tras ella, que se
escuda rodeando el sillón.) ¡Ven, ven, que yo te enseñaré a hablar!
ANTONIA (Dando vueltas alrededor del sillón.) -¡Me interesa
que no hagáis locuras!
ARGAN (Siempre tras ella.) -¡Perra!
ANTONIA. -No consentiré jamás en ese matrimonio.
ARGAN. -¡Trapacera!
ANTONIA. -No quiero que sea la mujer de ese Tomás Diafoirus.
ARGAN. -¡Carroña!
ANTONIA. -Y ella me hará más caso a mí que a vos.
ARGAN. -¡Angélica, sujétame a esa pícara!
ANGÉLICA. -¡Vamos, padre, que os vais a poner malo!
ARGAN. -¡Si no la sujetas te maldigo!
ANTONIA. -Y yo, si os obedece, la desheredo.
ARGAN (Dejándose caer en un sillón, rendido de correr tras ella.) -¡Ay, no puedo más! ... ¡Esto me costará la vida!
ESCENA VI
BELISA, ANGÉLICA, ANTONIA y ARGAN
ARGAN. -¡Ay, esposa mía, acércate!
BELISA. -¿Qué tienes, pobrecito mío?
ARGAN. -¡Socórreme!
BELISA. -¿Qué es eso? ¿Qué es lo que te pasa, hijito mío?
ARGAN. -¡Chacha mía!
BELISA. -Querido.
ARGAN. -Me han encolerizado.
BELISA. -¿De veras, maridín mío? ¿Y cómo ha sido eso, tesoro?
ARGAN. - ¡Esa pillastre de Antonia, que cada día es más inso-lente!
BELISA. -No te excites.
ARGAN. - ¡Me ha enrabiado, chachina!
BELISA. - Calma, hijo mío.
ARGAN. - Hace una hora que me lleva la contraria en todos mis propósitos.
BELISA. -Vamos, vamos, cálmate.
ARGAN. -¡Y ha tenido la avilantez de decirme no estoy enfermo!
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