El enfermo imaginario (Moliere) - pág.9
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No nació vuestra hija para ser la señora de Diafoirus.
ARGAN. -¡Pues yo quiero que lo sea!
ANTONIA. - ¡Bah! ¡No digáis eso!
ARGAN. - ¡Cómo que no lo diga!
ANTONIA. -¡No!
ARGAN. -¿Y por qué no lo he de decir?
ANTONIA. -Porque pensarán que no sabéis lo que os decís.
ARGAN. -¡Que piensen lo que quieran; pero ella ha de cumplir la palabra que yo he dado!
ANTONIA. -Estoy segura que no.
ARGAN. -La obligaré.
ANTONIA. -Será inútil.
ARGAN. -¡Pues se casará o la meteré en un convento!
ANTONIA. -¿Vos?
ARGAN. -¡Yo!
ANTONIA. -¡Bah!
ARGAN. -¿Qué es eso de ¡bah!?
ANTONIA. -Que no la meteréis en ningún convento.
ARGAN. -¿Que no la meteré en un convento?
ANTONIA. -No.
ARGAN. -¿Que no?
ANTONIA. -No.
ARGAN. -¡Esto sí que tiene gracia! De manera que, queriéndolo yo mismo, no meteré a mi hija en un convento.
ANTONIA. -Os digo que no.
ARGAN. -¿Quién me lo iba a impedir?
ANTONIA. -Vos mismo.
ARGAN. -¿Yo?
ANTONIA. -Vos, que no podréis tener tan mal corazón. ARGAN. -¡Pues lo tendré!
ANTONIA. -¡Esa es grilla!
ARGAN. -¡Yo no hablo en chanza!
ANTONIA. -Os entrará la ternura paternal.
ARGAN. -¡Pues no me entrará!
ANTONIA. -Un par de lagrimitas, echándoos los brazos al cuello, y un "papaíto mío" dicho con requiebro, bastarán para desarmaros. ARGAN. -Todo eso será inútil.
ANTONIA. -¿A que no?
ARGAN. -Te repito que no desistiré por nada.
ANTONIA. -¡Pamplinas!
ARGAN. -¡No me digas pamplinas!
ANTONIA. -Os conozco, señor, y sé que sos bueno por naturaleza.
ARGAN (Indignado.) - ¡Yo no soy bueno, y seré malo, cuando me dé la gana!
ANTONIA. -No os encolericéis, señor. Acordaos de que estáis enfermo.
ARGAN. -Le ordeno, terminantemente, que se disponga a casarse con quien yo le diga.
ANTONIA. -Pues yo le prohibo en absoluto que lo haga.
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